Copenhague, una ciudad que cuesta

A nadie que haya visitado Copenhague le habrá pasado desapercibido el hecho de que esta es una ciudad muy cara. No en vano, ocupa la cuarta posición en el ranking de urbes más costosas del mundo, al encontrarse sólo por detrás de Oslo, Zurich y Ginebra. En la capital danesa, resulta especialmente gravoso ir a un restaurante, así como casi todas las actividades relacionadas con el ocio, tales como el cine, el teatro o salir de copas por la noche. En el supermercado, las bebidas alcohólicas y muchos alimentos también son significativamente más caros que en otras latitudes, a lo que se añaden los precios prohibitivos de los coches o la gasolina, sobre los que pesa una tasa ecológica especial.

Todo esto se debe al elevado nivel de impuestos por el que se rige el estado del bienestar danés y que hace que el 34% de la recaudación total proceda del IVA, que suele alcanzar el 25%, y otros tipos de impuestos aplicados sobre los bienes y los servicios. Cabe apreciar, no obstante, que en el caso concreto de los restaurantes, los elevados precios se deben también a los sueldos relativamente altos que suelen recibir los trabajadores, incluso los poco cualificados, en Dinamarca.

El elevado coste de la vida hace que, a pesar de ser la tercera ciudad con los mejores sueldos del mundo, Copenhague pierda posiciones en el ranking que mide el poder de adquisición de los ciudadanos, en el que queda relegada a decimoséptima posición. La capital danesa, de hecho, también ha perdido terreno en el ámbito de los salarios.

De ser la primera capital del mundo con los sueldos más altos ha pasado a ser tercera en los últimos dos años. Con Zurich y Ginebra a la cabeza, Suiza ha tomado la delantera gracias a los buenos resultados registrados por su Producto Interior Bruto, mientras que en Dinamarca el crecimiento del PIB desde 2009 ha sido más bien escaso.

Según los expertos, una de las razones por las que muchos trabajadores extranjeros deciden marcharse de Dinamarca está precisamente en el coste de la vida y el elevado nivel de impuestos. Las autoridades ven con preocupación esta tendencia, dada la necesidad que tiene este pequeño país de captar mano de obra extranjera ante el paulatino envejecimiento de la población. Este problema constituye un verdadero desafío para las economías escandinavas, que no están dispuestas a recortar su generoso estado del bienestar.

Por último, es evidente que el elevado coste de la vida tiene un impacto negativo en el turismo. Es por esto por lo que las instituciones se esfuerzan por atraer a grupos con un alto nivel adquisitivo a través de la promoción de actividades refinadas, tales como la gastronomía, el diseño o la cultura.

(Artículo publicado en La Vanguardia el 4 de septiembre de 2011. También puedes verlo en formato PDF aquí).

 

 

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